La Conversación Entre Libros [Relato De Un Feriado]

Todos conocen mi adicción a los libros. Todos saben que puedo pasar horas buscando algún buen título para mi pequeña biblioteca. No distingo entre entre clásicos y nueva novela –Mayormente compro narrativa – y hoy día buscaba comprar un libro para regalar y otro para mi biblioteca.

Comencé a buscar en las estanterías el libro para regalar, no se me hizo difícil encontrar el libro: “Indignación – Philip Roth”. Lo agarre y miré la portada sencilla a dos colores (amarillo y celeste), sabía que mi amiga lo había buscado por tiempo y que lo encontrará a la primera fue una buena señal-el otoño y su buena vibra-. En ese estante también había libros de Murakami, Saramago,  José Camilo Cela y una versión en tapa dura de El Nombre de la Rosa de Umberto Eco que también me llamaron la atención para una próxima compra.

Ahora voy por la tarea principal: Buscar mi libro y avanzo al siguiente estante y miro entre los autores peruanos, si es que encuentro aquel pendiente de mi lista de libros. Por el momento solo veo cuentos de Julio Ramón Ribeyro, algunos poemarios antiguos de José Carlos Yrigoyen, la colección casi completa de novelas (Quizás faltando Historia de Mayta) de Mario Vargas Llosa y un libro -repetido hasta la saciedad- de Juan Manuel Robles, pero no encuentro aún el que venía a buscar. El libro no es nuevo -por eso que quizás no lo encuentro- pero no pierdo la esperanza de encontrarlo y comprarlo original (la versión pirata que compré del libro vino incompleta).

Me habían hablado tantas veces de lo bueno de ese libro: Trama, personajes, ambiente y por sobre todo técnica narrativa; que ya sentía una obsesión por buscarlo y comprarlo. Descarte opciones digitales para leerlo ya que soy un creyente del ritual “Almillategui”- Nada como abrir un libro nuevo y sentir las páginas y ese primer olor a nuevo- que alguna vez mi escritora panameña favorita me enseñó.

Daba por agotada la búsqueda hasta que en un rincón del estante lo vi: Aquel libro de pasta roja y letras doradas – que no tenía nada de comunista- y que en un principio no podía creer lo tenía ante mis ojos. Extiendo la mano para tomarlo sin darme cuenta que otra mano iba a por ese libro. Como lo decía al inicio cuando voy a por un libro pierdo noción de la realidad y en ese segundo todo cambio, ya que aquella mano me hizo regresar de concentración a la realidad en cuestión de segundos.

-Es un buen libro – dijo ella sonriendo.

-Lo llevo buscando tiempo – respondo mientras contemplo por primera vez sus ojos-, pero tómalo creo que lo viste primero.

– Tu llevas más tiempo buscándolo que yo – hace el gesto con sus manos indicando que agarre el libro-. Además yo venía por otro libro.

Ya para ese momento me había quedado sorprendido de su belleza. Había una mezcla rara en mi mente que me hizo olvidar mi tarea de comprar el libro y fijarme completamente en ella. Soy comprador frecuente de esta librería y se quiénes son clientes habituales, por eso es que su presencia se me hizo maravillosamente única.

-Bueno veo que ya llevas otro libro – ella volvió a sonreír mientras me habla.

– Es un libro para regalar. Una larga historia…- Hice una pausa-. Pero, ¿Nunca te he visto por aquí?

– ¡Claro que no! nueva no soy… digamos en esta tienda si – Voltea al estante y toma otro libro -. Yo iba a la otra tienda que cerraron por la inundación.

– Bueno por eso te me haces nueva en esta tienda – trato de buscar nuevamente perderme en sus ojos- ¿En sí que andas buscando?

-Tengo dos opciones, mira – la emoción de su voz al hablar de los libros me hace verme reflejada en ella-. Agarra dos libros, primero el libro que ambos buscábamos y luego otro que ya había leído-. Voltea a verme y se detuvo un momento- ¿Este o este otro?

– Ambos son buenos – le digo mientras tomo de su mano el libro que ya había leído-. “La distancia que nos separa de Renato Cisneros es una gran novela.

– Pero este libro que ambos buscamos – ella lo levanta con su mano-. También es bueno.

– Es mi eterno pendiente en mi lista de libros – le digo.

En estos momentos me pongo a pensar rápidamente en que probabilidad hay que dos personas vayan a la misma librería un día feriado; buscando el mismo libro a la misma hora. Quizás entendiera la coincidencia si es que el encuentro hubiera sido con alguien de mi círculo de mis amigos literarios (Fabiola Alburquerque, Okono Aquino o Beatrice Portocarrero); pero para estos momentos siento que la vida me ha dado la señal o la oportunidad de conocer a esta chica (que nunca deja de sonreír dulcemente).

– Abril Rojo… El buen Santiago Roncagliolo – Ella lee la contraportada -. Definitivamente a ambos nos gusta la nueva narrativa peruana.

– Bueno – hago el gesto con la mano-, llévalo…

– Nada – ella me da el libro en la mano-, el libro es tuyo y he preferido llevar el de Cisneros.

– Insisto en que tú te lleves el libro – se lo devuelvo.-, no sería caballeroso de mi parte…

– Mira, para no pelear preguntemos a la chica encargada si hay más libros de este título en almacén -. Volvió a sonreír mientras me hablaba.

– Pero, ¿Si no hay? – Respondo negativamente-, por eso llévalo tu…

– No seas negativo – ella me toma de la mano –. Con fe hay más de dos.

Hace el gesto y llama a la señorita que atiende, en ese momento un rato de silencio mientras esperábamos su llegada, 30 o quizás 40 segundos para contemplar su belleza. 30 o 40 segundos bastaron para que tomara la determinación de escribirle no solo uno sino dos poemas.

– Déjeme revisar en almacén – la voz de la chica que atiende interrumpe en silencio-. Regreso en un momento.

Y nuevamente el silencio con esas mirada de no saber cómo empezar una conversación

– No debemos estar callados, eso me hace sentir incomoda – ella me mira fijamente -. ¿Cuéntame cosas sobre ti?

– ¿Cómo qué? – respondo-. Tu pregunta es muy general.

– Empieza diciéndome tu nombre  y cosas así – sonríes por enésima vez -.  Bueno empiezo yo como para romper el hielo, me llamo Suhara, tengo 24 años y soy comunicadora social de la Universidad Nacional.

– Soy Javier de profesión abogado y escritor amateur, tengo 30 años y trabajo de manera independiente – mi voz suena nerviosa.

– ¡Qué chévere que escribas! – Me miras con cara enigmática – ¿Qué escribes? O ¿Sobre qué escribes?

– Hago poesía, escribo algunas veces columnas y relatos cortos que subo a un blog en internet – mi voz agarra tono de confianza-. Por ahora he dejado eso de lado para dejar para escribir una novela.

– ¡Wow! – Te asombras con mi relato -. Bueno yo escribo algunas cosillas para mí; no sé si entiendes que uno algunas veces se deprime y como medio que le dan ganas de escribir y se las queda uno.

– Te entiendo, así empezamos la mayoría de escritores – me siento con más confianza que antes.

– Si, pero lo mío no es para que sea publicado – te detienes y suspiras-, pero mejor cuéntame más de tu novela…

– Es una historia moderna – saco mi celular -. Estoy tratando de hablar sobre el amor en el tiempo de los jóvenes Millenials.

– Suena interesante – me miras con más atención.

– Quizás esta sea la historia más larga que necesito contar – desbloqueo el celular para silenciarlo completamente-. Todos tenemos una historia que contar.

– De acuerdo – mueves tu cabeza en tono de afirmación -. Yo en mi caso no las cuento, prefiero recrearlas.

– ¿Eres actriz? –  Pregunto.

– Hago teatro – mueve sus brazos mientras me explica -. Apoyo en colectivos de teatro me gusta hacer de todo un poco desde drama hasta comedia y disfruto mucho de la movilidad que me da el teatro.

– Yo corregía libretos de teatro en la universidad – ella me presta más atención -. También me gusta el teatro pero más que actor  he sido sonidista y corrector de guiones.

– Entonces… ¿Debes conocer a Ernesto? – pregunta y voltea a ver si viene la vendedora.

– ¿Velarde? – respondo medio dudoso.

– Claro – su tono de voz es enérgico -.  Con el hice la obra palabras del ama.

– Bueno creo que tenemos muchos amigos en común… – una voz interrumpe mis palabras -. Hay más de un libro en almacén – La voz de vendedora poner final a mis palabras.

– Tengo un grupo de lectura – ella saca un papel y apunta algo rápidamente.

Leo el nombre y el nombre se me hace conocido.

– Tú, de causalidad ¿No conoces a la china Orozco? – pregunto.

– Claro con ella fundé el grupo – respondes alegremente -. Con ella terminé la carrera.

– Ella es mi amiga de años – saco el celular y le enseño una foto -. Fuimos parte de un grupo de voluntariado.

– Ah mira… Entonces si te tengo agregado en el Facebook – tu mirada se pone en una postura de recordar algo -. Yo te agregué por la china me recomendó tus poemas que son muy buenos.

– Déjame ver – Busco en mi Facebook.

Te pones a mi lado y se siente tan bien el olor tan dulce de tu perfume

– ¡Ahí estoy! – exclamas con voz fuerte -. Vez que te dije.

– Vaya amigos desde el 2010 y nunca hemos conversado – la miro buscando contemplar sus ojos de cerca.

– Bueno ahora ya nos conocemos joven poeta – tu rostro tiene un brillo único cuando sonríes.

– Mejor vamos por un café – propongo un plan para continuar la conversación -. Quizás tengamos más cosas en común.

– Hoy no puedo – te pones triste -.  Pero para el sábado quedamos mejor, como que vas a la reunión del grupo de lectura, mira ya hay un pretexto para tomar luego ese café.

– Bueno me daré una vuelta – respondo.

Caminamos hacia la caja y pagamos nuestros libros. Se me hace tan natural y pura tu sonrisa, pero por otro lado se me hace inexplicable como es que no nos conocíamos. Comencé en ese instante a grabar cada palabra, cada gesto, cada detalle de este momento y que he plasmado en este relato.

Salimos de la tienda y te despides con un beso y volví a sentir tu dulce perfume. Caminamos por lados opuestos y volteo a ver como tu figura se pierde entre tanta gente miro el reloj y ya son 7 de la noche de hoy lunes. Me parece una tortura que aún sea lunes, muy dentro de mí ser ya desea estar en el día sábado.

Deja un comentario