- Breve anotación del Autor: La historia de este relato es como mi vida, llena de vaivenes. El primer borrador de este relato esta fechado en mayo del 2011, en los agitados días electorales que vivía el país por la segunda vuelta de elecciones presidenciales. No lo publique en esa época porque no llego a convencerme del todo algunas cosas que originalmente había escrito y lo deje en una congeladora llamada revisión a tal punto que me olvide de la existencia. Recién en marzo de este año tratando de buscar un archivo para ILIDE encuentro el borrador del relato, al leerlo siento la necesidad de que debo publicarlo, pero los preparativos para el viaje hacia Panamá y la Cumbre de las Américas lo volvieron a posponer por segunda vez, pero ahora ya lo tenía en mi lista de pendientes literarios prioritarios de publicar. Regresando de Panamá publiqué una serie de poemas y relatos, mientras algunos otros siguen en borrador; cuando quise retomar este relato tuve que volverlo a posponer por mi trabajo en el Jurado Nacional de Elecciones por la Consulta Vecinal Tambo Grande – Las Lomas. Ahora mas libre pude al fin revisarlo y corregirlo para que el día de hoy pueda ver publicarlo. Espero les guste y lo puedan compartir muy agradecido por la acogida que tienen con mi pequeña producción literaria, Ojala lo puedan compartir.
Gracias Infinitas. Javier
¿Aun recuerdas esa primera vez? – me dices con una voz tierna – yo volteo a verte y veo tu mirada nostálgica. Aun en mi mente están los recuerdos de ese viaje. En la computadora suena una de esas clásicas canciones románticas italianas:
…Dicono che gli angeli sono le creature più belle del mondo… Allora devo essere fortunato perché ho trovato uno…
¿Te acuerdas de esa canción? ¿Que me la dedicaste cuando caminábamos por las calles de Florencia? – Vuelves a preguntar – Trato de hacer memoria y te respondo:
– Fue en Milán… en Corso Venezia, en esa Cafetería que estaba cerca de Piazza Oberdan.
Claro, si ya lo recuerdo y tu con ese saco color azul marino que te regale – Suspiras luego de terminar esa frase-. Recuerdo en ese instante que aquella tarde iniciaba el invierno en Milán. Tomé firmemente tu mano y cruzamos juntos la calle. en la mitad Piazza Oberdan un viejo octogenario tocaba un acordeón con un letrero colgando de su cuello que decía: Canzoni d’amore gratuiti (Canciones de amor gratis). Me detengo y con las pocas palabras que sé de italiano le digo:
– Gli piacciono le canzoni di Nicola Di Bari?
El hombre me responde rápidamente y lo único que le entiendo al final de todo lo que me dice es: bellissime canzoni. Comenzó a tocar una canción que no conocía.Su interprentacion era simplemente maravillosa. Aun recuerdo voltear a mi costado y ver el rostro de Mabel con los ojos llorosos por aquel detalle. En ese momento reafirme lo que sentía: Que la amaba mas que nada, que no me importaba ninguna otra cosa en el mundo mas que verla feliz. Luego que termino aquella canción nosotros lo aplaudimos. El nos hace señas que lo esperemos y de un sucio maletín saca un cuaderno viejo. Lo abre el mismo presuroso y me lo da en una pagina donde había una larga lista que supuse eran su repertorio. El nos hablaba rápidamente y nosotros sin entenderle mucho de lo que decía, trataba de explicarnos algo con una emoción única. En ese momento me puse a pensar que las canciones no eran del todo gratis y que al final había que pagarle algo. Trato de detenerlo haciéndole gestos y de sacar un billete para pagarle. El me mira y se sonríe, nos toma de la mano y nos hace cruzar la calle y lleva hacia una cafetería. Nosotros sorprendidos, recién reaccionamos cuando ya estábamos sentados en una de las pequeñas mesas de ese lugar. El viejo vuelve a hacernos señales de que lo esperemos, abre la puerta del mostrador y diciendo una serie de frase que nuevamente no entendemos pasa por una cortina y desaparece.
La cafetería era una lugar de otro tiempo, lugares así ya no encuentras en las grandes ciudades. Esa cafetería es un lugar lleno de historias. Aquel lugar era acogedor y me traía recuerdos de otra cafetería que había conocido en Buenos Aires. Se notaba que las mesas y sillas habían sido talladas a mano por un artesano, había pasión y mucha dedicación hasta en mas mínimo detalle, quizás lo único que le han hecho a este mobiliario es retocarlo con un poco de barniz. Las paredes pintadas de un color verde nilo, el cual hacia contraste con los cuadros que estaban colgados, entre los cuales reconocí algunas replicas de la época de los Macchiaioli, entre los que mas me llamaron la atención estaban Il Bindolo de Silvestro Lega que si mi memoria no me fallaba era del año 1863 y Al Pascolo de Serafino de Tivoli; de esta obra si tenia la certeza que había sido publicada en 1859, ya que en casa de mi tía Martha habían esos enormes libros de historia del arte; los cuales siempre me prestaba cuando aun tenía 13 años. Debo confesar que a esa edad solo abría esos libros para reírme de los dibujos. No me llamaba la atención ni la técnica y muchos menos la belleza de esas obras y solo me limitaba a hacer molestar a mi tía a quien con preguntas tontas repetitivas como la que hacia de esa pintura de Serafino y que ahora, que veo aquella replica recuerdo:
– ¿Por qué el tipo no dibujo otra cosa que no sean vacas?
El hombre responde rápidamente:
-Donatto, el dueño de este pequeño lugar y el señor que los abordó en la calle es mi tío abuelo Bruno.
Parece que a esta hora del día son pocos los clientes que llegan por un café. Mabel y yo somos los únicos clientes que estamos en la cafetería consumiendo algo. Me imagino que en la tarde noche llegaran los asiduos clientes de este mágico lugar: Escritores, pintores, cantantes, músicos, artistas en general y por sobre todo los amantes del café. Donatto regresa al mostrador y nos deja conversar. Mabel sonríe y disfruta del café. Conversamos de lo maravillados que estamos de pasear por Milán, de estar en ese lugar tan bonito; de que Donatto y su tío Bruno era cómplices de nuestro amor.
Che colpa ne ho se il cuore è uno zingaro e va… catene non ha, il cuore è uno zingaro e va… Finché troverà, il prato più verde che c’è raccoglierà le stelle su di se e si fermerà chissà… e si fermerà…
– Mi tío cantará primero y luego tu repetirás lo que él canta, esta es una de las canciones menos conocida de Nicola, pero es una de las románticas.
La canción acaba y volteo a ver una repisa de la sala. En esa repisa esta el mejor regalo de aquel viaje: Enmarcada aquella hoja del cuaderno de Bruno, es el recuerdo que un día estuve en Milán, que canté y que fui feliz o mejor dicho que aun soy feliz. Recordar el mensaje final de Bruno entre lagrimas nos dijo algo que traducido al español quiere decir algo mas o menos así:
Sean eternamente felices y vivan su historia de amor.
