Lectura Final (24)[CCS] – Cuento

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Eleonor:

Me parece increíble escribir estas líneas. En algún momento dudé en empezar esto, pero luego de meditar un momento pensé que no importa donde estés ahora, igual podrás leer la carta las veces que quieras sin tener yo que enviarla.

Sigo sin creer lo que contaban las noticias hoy por la mañana. Aunque me había preparado para cuando llegara este momento, siempre hubo algo dentro de mí que sabía que algo así me afectaría. No quise creer que eras tú y pensaba que pudo haber un error, pero el relator de noticias por la radio terminó de confirmar todo:

“En un operativo en conjunto entre miembros de la policía nacional y el ejército se logró desarticular una patrulla senderista en distrito de Chilcas, Provincia de La Mar en la zona del VRAEM que dejó como saldo 3 policías heridos identificados como Marcelo Castillo Díaz, Wilfredo Quispe Ambo y Jimmy Solis Hernández, además de cuatro terroristas abatidos entre los que destaca Eleonor Castillo Huerta más conocida con alias de Camarada Delia uno de los pocos altos mandos de Sendero Luminoso que seguían activos desde los años de conflicto armado interno”.

Algunas veces creo que fui afortunado. El amor que te tuve nunca fue correspondido, pero por otra parte tu rechazo me salvó la vida. Si hubiera seguido empecinado en tener una relación contigo, de seguir cegado por ese amor que te tuve quizás nuestros nombres estuvieran juntos en esa noticia, atados a esa promesa revolucionaria de hacer la lucha armada.

Las cosas no debían terminar así para ti. También tuviste la misma oportunidad que tuve yo en su momento de dejar todo eso y empezar de nuevo. Recuerdo que te dieron opciones de pasar algunos años en cárcel y comenzar de nuevo en algún lugar de Lima con alguna nueva identidad, pero nunca entendí porque no aceptaste la oferta. Más bien radicalizaste tu accionar y ahora todo eso te llevo a este final.

Recuerdo entonces mis años sanmarquinos tratando de complacer a mi padre estudiando medicina, mientras tú estudiabas sociología. Eran años complicados para todos, el país se iba a la mierda, la economía del Perú agonizando y en mi mente tenía la idea de que algo se podía hacer para cambiar las cosas.

En ese afán de lograr cambios profundos que necesitaba el país y con muchas dudas en la cabeza la gente del partido logró reclutarnos, era necesario corregir el rumbo del Perú y darles el poder a los pobres ya que los de arriba trabajaban por la burguesía. Nunca me di cuenta de cómo es que se dieron las cosas, pero para cuando tuve conciencia de lo que ocurría ya estaba adentro.

…Camaradas en esta sesión plenaria debemos comunicar la felicitación del comité central por lograr cumplir rápidamente nuestros objetivos de tener controlada buena parte de la base estudiantil universitaria, eso no debe ser un motivo de celebración sino que debemos seguir luchando por conseguir la instauración de un gobierno revolucionario, proletario y popular en el Perú… Teniendo como guía el liderazgo de nuestro presidente, debemos continuar por la senda de la luminosa trinchera del marxismo-leninismo y continuar con la guerra popular…  Recuerden: ¡Un fúsil en la mano es más efectivo que un buen discurso!

Ahora pienso que éramos unos ilusos, pero por otro lado ¿Cómo no convencerse de seguir ahí luego de escuchar los discursos del camarada Ismael? Sus palabras incendiarias como balas de un fúsil y el convencimiento que estábamos del lado correcto de la historia. Era nuestro momento, estaban dadas las condiciones históricas y sociales  para la lucha armada ¿Quién podía negarse a luchar por los campesinos y obreros oprimidos del Perú?

Te acuerdas que al principio nos comenzaron a organizar. Como sabían que escribía algunos relatos me metieron al bloque de Artistas Populares, ahí nos conocimos, tratando de sacar un folletín clandestino que reproducíamos en mimeógrafo y que distribuíamos por algunas facultades. También teníamos debates ideológicos ¿Cómo va la guerra popular? ¿Qué pasos deberíamos seguir en las próximas acciones? La única certeza para ese momento de mi vida era que ningún revolucionario puede titubear: Las dudas y vacilaciones no debían existir.

Creo que siempre supiste que me enamoré de ti desde el primer momento que te conocí. Me perdí en la profundidad de la belleza de tus ojos chinos y tu pelo ondulado, me gustaron tus pechos firmes, me sorprendió tu decisión, valentía y tu compromiso con la causa revolucionaria. Recuerdo verte llegar con tus libros viejos de poesía y con folletines maoístas que conseguías en algún lugar caleta del centro de Lima.

Al principio nuestras acciones asignadas eran pintar aulas con frases de consigna, distribuir nuestra propaganda a los alumnos y llevar los documentos internos del partido. Luego nos asignaron organizar toma la toma de facultades, comedor universitario, la residencia universitaria, amedrentar a profesores y autoridades, suspender las clases por días y claro esta seguir reclutando gente a nuestra causa. Recuerdo haberte acompañado junto con el camarada Hugo a varias de esas acciones, actuábamos sigilosamente de madrugada: “Somos unos ninjas revolucionarios huevón”— recuerdo siempre nos decía el camarada.

Después nos dieron un arma y ahí comenzaron a entrar mis dudas ¿Era necesario portar esto para imponer un gobierno del pueblo? Recuerdo haberte preguntando eso alguna noche luego de terminar de pintar una pared del comedor universitario, pero únicamente respondiste: Si vuelves a dudar deberé informar al partido.

¿Qué será de la vida del Camarada Ismael? Recuerdas que comandaba nuestra célula, un tipo duro, muy inflexible, poco tolerante con los que se equivocaban y convencido de que si no era por las armas no habría posibilidad de instaurar un gobierno del proletariado. Siempre con sus discursos de demoler, destruir y refundar el país luego de la victoria ¿El mató al camarada Demetrio? Siempre quedará la duda si es que Demetrio desertó o nos delato con la policía pero nunca más lo volvimos a ver ¿Por qué nunca denunciaste mis dudas con el Camarada Isamel? Quizás era el miedo a que nos descubran, tú también estabas en falta ¿Cuántas veces te besé en secreto para evitar nos descubran? ¿Cuántas veces cachamos en esos hoteles de mala muerte por la plaza Bolognesi? Quizás en el fondo de todo… si sentías algo por mí.

Ahora, ¿En algún momento estuvimos cerca de llegar a la victoria? A mediados de 1987 creí brevemente que sí. Nos llegaban partes de que habíamos logrado victorias en Ayacucho, Cusco, Huancavelica, Apurímac y Puno: “Camaradas en el sur del país los campesinos se han unido a guerra popular y pronto vendrán a Lima para la batalla final y al fin poder instaurar el poder popular”. Luego llegaron reportes que en Piura las células en sechura se habían comenzado a organizar.

Tu entusiasmo en ese tiempo se me contagiaba: “La victoria se acerca Elias”. Siempre positiva en cómo venían ocurriendo los hechos, siempre fumando cigarros “Inca”, siempre chupando chatas de ron “Pomalca”, siempre usando ese calzón verde con encaje que te sacaba con las muelas, aunque siempre empezaba por lamer tus tetas de aureolas grandes con los pezones paraditos y siempre diciéndome al oído: “Esto está mal Elías, tener una relación amorosa es pensar individualistamente y no en la revolución… tenemos prohibido tener relaciones amorosas con la gente del partido

¿Por qué nunca me dijiste camarada Demóstenes? ¿Por qué nunca te dije camarada Delia todas esas noches? La respuesta era obvia y quizás revolcados entre esas mugrosas sabanas y esos colchones llenos de chinches no teníamos que usar las caretas partidarias. Cachando desenfrenadamente escuchando a lo lejos las sirenas de patrullas y ambulancias que entraban por la ventana ¿Corrían para llegar a la zona de un atentado? Eso nunca lo sabremos.

Además, ambos debemos admitir que nunca quisimos poner frenos a esto, más allá de tus palabras al oído. Nunca dijimos expresamente aquí somos camaradas, acá amantes esporádicos en mugrosos hoteles del cercado de Lima. De mi parte debo confesar, que pasé todas esas noches con una rara sensación de excitación y miedo pensando en que nos atraparían. Por otro lado estar todas esas noches contigo me hizo pensar en que tendríamos oportunidad de tener algo juntos, pero para lograr eso debíamos dejar toda esa mierda de la revolución… Entonces, nuevamente comencé a dudar.

A mediados de 1988 mis dudas se acrecentaron respecto de nuestra victoria, para ese tiempo habíamos dejado ya la universidad, pasamos de las actividades universitarias a vivir en la clandestinidad. Ahora nuestra identidad no era la que estaba en la libreta electoral, sino el alias que se nos asignaba. Dejamos de contactar a nuestras familias y claro nos asignaron a nuevas células: A ti te llevaron a una en vitarte y yo terminé en una casa en Lince atendiendo a camaradas enfermos, pero siempre hubo forma de seguir encontrándonos.

Todas mis nuevas dudas se originaron, porque comenzaron a llegar reportes de algunos retrocesos en zonas de Ayacucho. Tú en cambio seguías optimista: “Elías me han dicho que el presidente Gonzalo está en Lima, viene aquí a comandar la batalla final”. Para ese momento yo ya pensaba que venía huyendo. Comenzaron los atentados y coches bomba. En la televisión en blanco y negro podía ver a la gente muriendo ¿Es necesario que muera tanta gente inocente como gente nuestra? —Eso es la cuota que se debe pagar— me respondió una camarada de mi célula. Algunos dirigentes del partido le decían “Sacrificios” que deben de haber como en toda guerra en favor de una causa suprema. Casi siempre esa era la consigna que se leía en la propaganda del partido: “Todos esos caídos son nuestra verdadera fuerza”. Eso respondía una parte de mi pregunta respecto a nuestros caídos, pero en ningún momento me decía nada de la gente inocente que moría por obra de nuestras acciones. Para ese momento pude ver mis manos manchadas de sangre.

Luego vino el quiebre para mí. Mataron a mi primo Eusebio, un joven soldado recién enlistado que fue a luchar a la zona de Ayacucho. Al igual que tu muerte, me enteré de la suya por la prensa mirando a Martínez Morosini pronunciar su nombre, siete balazos y se ensañaron luego con su cuerpo ya estando muerto. Piensa que yo lo había cargado a mi primo cuando era niño, piensa en el dolor infinito de mis tíos, piensa que ya sentía un peso en la conciencia por los muertos, piensa que ya no creía en la victoria, piensa en que quería hacer lo imposible para escapar juntos y empezar de nuevo.

Por eso busqué la primera oportunidad para huir, para que pudiéramos escapar juntos y mientras buscaba la forma leía por las noches los documentos del partido en los que se hablaba de la avanzada final: Éxitos en la selva del Huallaga, asesinato de militares opresores del pueblo, la nueva estrategia para conquistar Lima y claro la promesa de que ya estábamos cerca de la victoria. Cada una de esas noches aumentaban mis dudas y crecía el convencimiento de que debía sacarte de todo esto.

Recuerdo entonces que una mañana desayunando pregunté a una camarada de Puno que había llegado a vivir a Lima ¿Conoces al Presidente Gonzalo? ¿Cómo es? ¿Es aquella persona que describen por ahí? Ella me mira en silencio un momento y me dijo: Acaso es importante como es el Presidente, eso no es lo importante… aquí lo importante es la guerra que venimos librando y ningún revolucionario, escaparía del llamado del Presidente Gonzalo para continuar luchando en la luminosa trinchera, olvídate de las elecciones del centro federado, de pintar aulas, de organizar la toma del comedor universitario, ahora estamos en cosas mayores… Tenemos cercado Lima y con eso la victoria final está cerca.

Para este entonces la victoria, los sacrificios, la sangre, los muertos eran un peso en mi conciencia ¿Cuántas veces crees me detuve en la puerta de una comisaria pensando en entrar y entregarme? Creo lo intenté nueve veces, cada una de esas nueve veces busqué cambiar de comisaria, cada una de esas nueve veces pensé que debía gritar que estaba metido con ustedes.

Por eso insistí esa última vez que nos encontramos en un hotel en dejar esto y sacaste una pistola me apuntaste en la frente para decirme que no tocara el tema. Te fuiste del cuarto sin saber que jamás te volvería a ver.

Al año siguiente logré abandonar mi célula. Un día salí a dejar unas armas a otros miembros de otra célula en Breña. Despisté a mi camarada, tomé un taxi y desaparecí un tiempo, luego tuve que contactar desde la clandestinidad con algunos agentes de inteligencia, para poder negociar con la policía mi libertad a cambio de información que corroboraron. Como premio por mi colaboración me dieron una nueva identidad y me llevaron a vivir a una ciudad al norte del país.

Tiempo después me enteré que uno de los camaradas de mi célula que logré delatar dejaba la medicina que tomaba el Presidente Gonzalo para aliviar su psoriasis, a uno los que visitaban esa casa de surquillo donde lograron atraparlo ese 12 de Setiembre de 1992.

Traté hasta el final de ayudarte. Le dije a un par de agentes que te contactaran y que tratara de convencerte para que dejaran esto y me dijeron que lograron ubicarla y cuando le preguntaron si conocía a un Demóstenes, si querías ser ayudada, tú me negaste y días después desapareciste de Lima sin dejar rastro. Era mi 1993 y muchos de los camaradas se replegaron para replantear la lucha en la derrota.

Te comento que con mi nueva identidad, termine una carrera universitaria como profesor de primaria. Me casé con una buena mujer que también estudiaba contabilidad, pedí mi cambio a Lima y ahora enseño en un colegio estatal en Surquillo. Tengo dos hijos mi hijo mayor trabaja en España luego de terminar una carrea de ingeniera y mi hija la menor me ha dado un nieto que ahora corre en casa y trata de terminar su carrera de economía, pero créeme nunca he podido olvidar esos años y mucho menos olvidarte.

¿Tuviste algún hijo? ¿Cómo así llegaste al VRAEM? ¿Alguna vez me amaste? ¿Alguna vez pensante en huir? Esas preguntas nunca tendrán una respuesta para mí.

A lo lejos escucho la televisión. Mi esposa la ha prendido y se escucha como el Ministro del Interior relata los hechos ocurridos con el atentado que acabó con tu vida.

¿Tu familia te enterrará? ¿Irás a ese mausoleo de Comas donde entierran a los senderistas? Estaré atento a las noticias del tema y también veré la manera de cómo visitarte para poder leer frente a tu tumba todas estas páginas nuevamente, porque ahorita mientras las escribo ya las vienes leyendo. Esa será la lectura final, el cierre definitivo de una manera triste de una etapa de mi vida.

Pongo punto final porque mi nieto viene con la pelota de fútbol. No sabes lo emocionado que anda ahora que se acerca el mundial y que la selección ha clasificado al mundial.

Quizás estas cosas me hacen olvidar el pasado, quizás hoy pueda dormir más tranquilo, ojala que la voces de los muertos del pasado no me atormenten por algún tiempo.

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