Conocí a la maga una noche de verano del año dos mil dos, apareció de la nada merodeando los parques y plazuelas de la ciudad. Hizo migas con los poetas y estudiantes de literatura de la universidad nacional recitando versos de Blanca Varela acompañando las largas tertulias, debatiendo sobre libros y tomando en las noches bohemias ron sabor durazno. Nadie sabía de donde era ni cómo se llamaba, pero así como venía podía desaparecer por largos periodos de tiempo, es por eso que los poetas la bautizaron así.
Ese primer encuentro que tuve con ella fue una noche de a finales de Enero y asumí (un grave error hacer eso) que le decían Maga en honor al personaje de Rayuela. Me desasnaron al instante y es que mientras me hablaban de ella yo solo contemplaba como sus rulos se acomodaban a su boina roja, como usaba un polo de mangas largas y anchas remangadas con el estampando de Led Zeppelin junto a un jean rasgado y desteñido de color azul marino. Fumaba Hamilton azul y recitaba de memoria Datzibao sin equivocarse en los versos ¿Cómo no enamorase de un ser así? Entonces llego el momento: Nos presentaron. Conversamos, cantamos trova, tomamos ron, nos besamos con locura y casi amaneciendo terminamos en un hotel barato del centro.
Desde ese momento comenzamos a salir con frecuencia, caminar por las calle de la ciudad, entrar a ver películas antiguas en el cine Vegas Castillo, cenar pavo los jueves y hacerlo cada vez que las hormonas se alteraban en mi cuarto de pensión ubicado en el barrio mangache al norte de la ciudad. Nunca nos hicimos preguntas personales, nunca nos celábamos, casi siempre sabíamos dónde encontrarnos ya que la ciudad es tan pequeña. Así ocurrió todo hasta que termino la primera quincena de febrero.
Llegaron los días del carnaval y la yunza, pero ella desapareció. La maga dejaba una carta diciendo un nombre, una razón de su partida y una ciudad: La maga se llamaba Gracia, se iba porque la depresión la perseguía y regresaba a Bambamarca. No creía que ese era el final, salí a buscarla y todo esfuerzo fue en vano ya que ella y su perfume no estaban en la ciudad. Además como infección virulenta La Maga dejo aquí la depresión expresada en días lluviosos, yo ya no comía, escuchaba una y otra vez el CD de Libido que a ella le gustaba y paraba encerrado en esta habitación.
Con las lluvias aumentó el calor y también el río creció. Acabaron las vacaciones y regresé a trabajar vendiendo libros de puerta en puerta con traje y maletín. Recorría colegios, casas e instituciones públicas tratando de ver si alguna persona compraba alguna enciclopedia, diccionario o compendio legislativo, pero siempre regresaba con el maletín lleno. En esos días regreso la maga, una noche de lluvia ligera la vi sentada en la plazuela de la iglesia Cruz del Norte haciéndome la guardia, venía con una mochila y con una cara de no haber comido en días. Recuerdo ese abrazo caluroso, la basé con ternura y le pedí que viviéramos juntos. Ella aceptó y esa noche primero cenamos pollo a la brasa recalentado para luego volvernos a revolcar en las sábanas.
Pasaron los días y comencé a notar que algo no funcionaba. Aparecieron en la maga celos, reclamos, llantos y notas depresivas diciendo que se iría para siempre o que simplemente acabaría con su vida. Traté—y mucho— de ayudarla pero, ella no quería ser ayudada. Es que ahí ocurre la segunda huida de la maga. Esta vez su alejamiento no me afectó mucho. No salí desesperado a buscarla y es que tenía certeza que regresaría ya que había dejado su mochila con ropa y todos sus libros de antología poética peruana. A los amigos en común les dije que la maga había salido de viaje por unos días para reflexionar y alejarse del ruido de la ciudad. Regresó a los 4 días, un domingo antes de empezar el año escolar. Tocó la puerta, la mire, no pregunté nada, la dejé pasar, ella se fue a bañar y luego me llamó con la excusa de no encontrar jabón para volver a hacerlo una vez más.
Al siguiente día la maga amanecía llena de optimismo, me pidió que la dejara ayudarme con la venta de libros. Accedí con tal de verle tranquila y nos repartimos las rutas, pero mañana por ser su primer día haríamos la ruta juntos para enseñarle el negocio. La fortuna no estaba de nuestro lado cerraron los puentes por la crecida del río y por ende las clases fueron suspendidas. Ese lunes 11 de marzo también significo un cambio para mí y es que por primera vez sentí celos al ver como ella toda coqueta les mostraba las nalgas a los alumnos del Salesiano Don Bosco. Por primera vez pensaba que la maga podía ser de otro y no mía.
Entonces, los celos crecieron viniendo con ellos el caos, las discusiones acaloradas y las peleas. La misma rutina todos los días: Amenazas diciéndome que te piensas tirar del cuarto puente, o que tomaras no se cuentas pastillas para no despertar jamás, me dices que te irás para siempre diciendo no sé que cosas, pero en la noche mezclados entre las sabanas me susurras al oído que te volviera a perdonar y en ese punto el círculo volvía a empezar. Al amanecer despertabas de mal humor, agresiva y entonces el conflicto volvía a empezar.
Entonces la maga iba y venía de mi vida. Algunas veces se ausentaba horas y otras veces como máximo se desaparecía una semana, pero siempre regresaba y yo siempre la dejaba entrar. No sé si era amor o era la costumbre al sexo en este punto ya da lo mismo.
¿Cuántas promesas de sábanas nos hicimos la maga y yo?
Pero, pese a los problemas de pareja el dinero entraba a casa. La maga lograba vender enciclopedias Lexus sobre el Perú y algunos atlas de geografía de editoriales locales. Tenía facilidad de convencer y al mismo tiempo (confesión de ella mientras fumábamos un cigarro en la cama) de seducir a los profesores con su belleza a que compraran un libro. Para evitar peleas algunas veces en silencio tragaba rabia con tal de no malograr la noche de sexo, ese era nuestro único momento de tranquilidad. Casi siempre era el mismo guion sexual que incluía preámbulos y 5 poses en donde a la maga le resultaba estar mejor arriba y yo abajo cogiendo con fuerzas sus nalgas firmes y paraditas.
Todo ha seguido así hasta el día de hoy. La maga volvió a pelar conmigo, cogió un cuchillo de cocina y forcejeamos un rato y en el forcejo le hice un corte en la pierna. Vi sangre, un corte poco profundo y me detuve, te alejaste de mi lado y comenzaste a gritar diciendo que era un idiota y que no te volvería a ver jamás.
Por mi todo bien, ya estoy harto de vivir en este infierno. Ya no me da lástima tu depresión, ni me preocuparé por si regresas hoy a casa, ni malograré la cena peleando contigo. No más tristeza, no más cólera hoy saldré a conquistar el mundo. Comenzaré entonces, a reírme de ti: De tus tragicomedias, de tu manera de tirar la silla al piso, del falso llanto a nivel de una cómica ambulante, de tus amenazas de tirarte al rio o de tomar pastillas, de tus chantajes emocionales, de tus insultos y demás improperios. Me quedaré en silencio y solita pelearás. Fumaré cigarros mientras veo como discutes con el aire. Te dejaré la puerta abierta y me iré a dormir no importando si mañana por la mañana no te veo más. Por eso ahora entiendo que no debí haberte permitido entrar en mi vida. A la mierda tus besos, tus blusas negras, tus jeans viejos y la boina. Si quieres podemos reducir todo al mero sexo, ya que cuando gimes no insultas y no jodes.
Tengo que aprender a empezar de nuevo. Me tendré que alejar de ti sin hacerte daño. Tomo el maletín y te acercas a gritarme nuevamente con el cuchillo en la mano ¿Cuántas veces más me amenazarás con usarlo? Hoy no caeré en tus juegos emocionales ni me doblegaré ante tu chantaje. Camino a la calle y a lo lejos escucho tu voz reclamándome, buscando una respuesta de mi parte yo sigo caminando sin voltear atrás. Media cuadra y ya veo como se asoma la plazuela del teatro municipal, si me apresuro alcanzo una combi medio vacía.
Me tengo a ver el periódico en la esquina de la calle Arequipa cerca de la DEMUNA, los titulares son los mismos y a lo lejos escucho que alguien me llama, la señora que me alquila la habitación me toma de la mano y no me quiere soltar, me dice que tengo que venir urgente ¿Acaso ahora usas a terceros como parte de tu chantaje? La verdad no entiendo nada me jala corriendo y te veo tirada en la vereda, rodeada de gente y junto a una mancha de sangre. Corriendo voy a verte y veo que te cortaste el cuello con el cuchillo ¿Por qué ahora lo hiciste maga? Al llegar otra vecina me dice que llamó a una ambulancia. Te abrazo sin saber qué hacer, viendo como balbuceas unas palabras que no entiendo, te beso en frente mientras veo como lentamente cierras los ojos y te vas de mi vida.
