Hoy luego de la oficina fui a buscar un libro para regalar a una amiga en la cercanía de su cumpleaños número 27. Caminé por una zona de la ciudad que es conocida por extensas galerías y tiendas donde venden libros piratas, de segunda e incluso si buscas bien encuentras algunos libros robados.
Buscaba Patas Arriba de Eduardo Galeano. Sabía que lo había visto antes en alguna de esas galerías. No tenía idea si el libro era pirata, de segunda o robado, pero recordaba haberlo visto en alguna parte.
Pregunté en más de un lugar y la respuesta siempre fue que no tenían ese libro, inclusive en algún lugar me preguntaban extrañados: ¿Quién es Eduardo Galeano?
Hasta que llegué al penúltimo lugar de mi lugares por visitar. El local era una tienda pequeña que se dedica a vender más libros antiguos y enciclopedias que libros Piratas.
El dueño del local era una señora que por años se había dedicado a la venta de libros. En sus años mozos había trabajado en una librería en la capital, pero llegada la crisis económica de la década del 80 del siglo pasado, tuvo que regresar con sus hijos a esta ciudad a empezar de nuevo. Ahora la señora ya está sentada esperando en caja a que la gente pague por los libros. Su hijo junto a su nuera se dedican a la compra y venta de libros.
Saludé amablemente a la señora y comencé a mirar por las estanterías. Rápidamente encontré entre algunos libros de Onetti y Benedetti, el libro que andaba buscando. Efectivamente esta edición del libro de Galeano era del 2012 y estaba dentro de todo en un buen estado.
— ¿Cuánto vale este libro?— pregunté.
— Para usted, que siempre viene a comprar…. 20 soles—responde el vendedor—. Es la única edición que existe de este libro en toda la ciudad.
Me acerqué a caja y pagué por el libro. Guardé el libro en mi morral y cuando me disponía a salir el vendedor me detiene un breve instante.
— Amigo, ya que veo que te gustan mucho los libros, en estos momentos necesito un consejo—el vendedor me acerca a una estantería al fondo de la tienda— ¿Sabes quienes podrían comprar estos libros?—pregunta.
Entonces nos acercamos a una estantería de libros de política y análisis político, donde había libros de Gustavo Gorriti, Alberto Vergara y hasta un escondido “original” del libro de un terrorista muy conocido que está en prisión. Lo que el vendedor quería que observara eran una serie de libros del Ex – Presidente Alan García. Hace menos de 4 meses atrás, García había decidido suicidarse, cuando las investigaciones fiscales lo cercaban cada vez más con el escándalo de sobornos de la empresa brasilera Odebrecht (Caso Lava Jato).
En total eran seis libros: 1) Noventa años de aprismo, 2) Pizarro: El rey de la baraja: Política, confusión y dolor en la conquista, 3) Pida la palabra, 4) Confucio y la globalización y 5) Contra el temor económico. Todos se notaban eran originales.
— Los compré en Lima, a los 3 días de que se mató Alan—dijo el vendedor—. Los compré a otro librero en Quilca pensando que muerto, sus libros se venderían como pan caliente, además estaba claro que había una persecución política contra él, pero…
— Lo que pasa es que no los ha podido vender— interrumpe la señora desde la caja—. Mi hijo ha invertido una fuerte cantidad de dinero en los libros de un corrupto— respira un poco para relajarse y seguir hablando—. Realmente estamos ensartados con estos libros.
— Nadie los quiere comprar— me dice el vendedor—. Los he puesto adelante, los he limpiado, los he cambiado de estantería y hasta los puse con las enciclopedias, pero nada.
— ¿Cuánto invertiste por estos libros?— pregunté.
— 320 soles—respondió el vendedor.
En mi mente y al ver el tono en que dijo el monto, deduje que me había mentido.
— Mira, son libros para un sector muy reducido de lectores— le dije mientras dejaba los libros nuevamente en la estantería.
— Escucha al señor y admítelo—grita la señora desde la caja—. Hicimos un mal negocio y nuestro dinero no se mueve.
— Quisiera, deshacerme de ellos— la voz del vendedor suena muy preocupada—. Estoy rematando cada libro a 30 soles.
— ¿Intentaron vender el libro en círculos de simpatizantes?—pregunté.
— Nadie quiere comprarlos— dijo el vendedor—. Fuimos al local partidario, nos dijeron que podíamos dejarlos en donación y de ahí un dirigente del partido a mi salida me dijo que me daría 10 soles por cada uno, si la cosa sigue así tendré que rematarlos a ese precio.
— ¿Usted no quiere comprar uno?— pregunta la señora desde la caja—. Sabemos que lee bastante quizás le interese uno.
— No son mi tipo de lecturas—respondí.
—Realmente estamos ensartados con estos libros— dijo la señora desde la caja—. Hasta muerto García sigue fregándome con el dinero, en el primer gobierno me quede sin chamba…
— Mamá, yo creo que él si realmente murió siendo perseguido— interrumpió el vendedor a su madre.
— Como les digo, si encuentran un simpatizante quizás les compre los libros— volví a mirar al vendedor—. Tiene que ser alguien que lo admire.
Termine de hablar, me despedí y salí de tienda. A lo lejos escucho que tanto madre como hijo siguen discutiendo. García sigue generando debate.
