Mi primer recuerdo con el Padre Casimiro fue durante mis años de Primaria en el colegio salesiano antiguo. Recuerdo aún su discurso de buenos días en la formación hablándonos del amor infinito de Maria Auxiliadora, luego otro recuerdo fijo en mi mente son los recreos en que yo me acercaba a darle la mano y el con una amable sonrisa me decía que corriera con cuidado, de ahí recuerdo el año 1998 (Ya en el nuevo colegio) en mi primer día de clases en 6to de Primaria, durante la clase de religión (que el nos dictaría ese año) se escuchó un ruido fuerte, esa mañana de marzo el río Piura con su brutal fuerza trajo abajo el antiguo puente Bolognesi, recuerdo sus palabras de calma diciendo que nos tranquilizáramos y que con la protección de la virgen nada nos pasaría y su bendición en la puerta a cada uno cuando salíamos del salón.
Pasé a la secundaria y en esos años durante las misas que se hacían en todo el año, le se convirtió en mi padre confesor. Siempre un consejo sincero, un abrazo amigo y gran don de no olvidarse de cada uno, de quienes lo escogimos como nuestro confesor. Recuerdo que me felicitó cuando hice la confirmación, en aquella confesión me dijo que como soldado de cristo debía seguir el ejemplo de buen cristiano e hijo de María Auxiliadora.
Ya fuera del colegio, en el año 2012 y mientras esperaba que una ex enamorada terminara de ver a una amiga en la Universidad Uladech (que en ese entonces estaba en el local antiguo del colegio salesiano) y mientras subía las escaleras que llevaban a las aulas del segundo piso lo encontré bajando con dificultad unos pesados libros. Al verlo me detuve para ayudarlo a bajar y el me agradeció diciendo: «Gracias», para luego mirarme detenidamente y preguntarme dos cosas ¿Tu eres de la promoción 2003? ¿Tu eres Curay no? Le dije que sí y para mi sorpresa el aun se acordaba de algunas de las cosas que conversábamos durante los años de colegio. Recuerdo que me pidió lo acompañara al patio trasero de la Iglesia de Maria Auxiliadora y en una sala me ordenó dejar los libros, luego cogió dos sillas y regresamos al patio principal donde los estudiantes caminaban. Volvió a sonreírme como en el colegio y me bendijo agregando la siguiente frase
– Ave María Purísima…. Ya que estamos aquí retomemos la conversación con una confesión.
Me sonreí y en pleno patio con toda la gente me confesó y me dio un consejo final (como de despedida), en momentos difíciles en mi vida: «Pase lo que pase siempre con fe en Dios todo se puede».
Luego de ese día no volví a tener un encuentro personal con él. Lo salude de lejos en la verbena de Mayo a María Auxiliadora o cuando caminaba por el puente Sanchez Cerro.
Hoy me entero de que ha partido a casa de Dios. Gracias por todo Padre Casimiro Iraola, siempre recordaré sus consejos y su sonrisa. Gracias por todos los consejos, los llevo en el corazón y gracias por inculcarme el amor a María Auxiliadora. Dios lo tenga en su infinita gloria.
