Segundo experimento.
Hoy me reuní después de tiempo con una amiga cercana. Hablamos de algunos proyectos pendientes y claro también hablamos de la vida. Teníamos tiempo sin reunirnos. Fuimos por un café: Ella con su Frapuccino de manjar blanco y yo con Flat White grande. Conversamos de la vida y de su nuevo trabajo: Teleoperadora en un Call Center.
Me imagino debe ser un trabajo medio complicado estar hablando por horas con gente desconocida, ofrecer servicios y promociones que mayormente (eso creo personalmente) la gente no desea y estar expuesto a que te insulten más de una vez.
En general estar sentado en una computadora hablando con una serie de números celulares aleatorios de cualquier parte del país por horas, debe ser raro. Quizás si se anima tiene un buen material para escribir algún cuento o relato sobre sus aventuras con esas llamadas.
Acabada la reunión regresé a casa y en el camino me puse a pensar en que alguna vez leí en algún libro (el título no lo recuerdo) sobre un hombre en Francia que se había quedado maravillado con una teleoperadora. Ella le ofrecía un seguro de vida y el sentía que esa voz tan dulce le hacía recordar a una persona especial de su infancia, pero nunca pudo dar con el recuerdo exacto.
Quizás alguna de aquellas personas sienta lo mismo que leí en ese libro: Que mi amiga es la voz especial de su pasado. Quizás algunos más allá de un servicio solo quieran ser escuchados. Quizás su llamada evite un suicidio, nunca se sabe.
