Quinto Experimento:
Hace un tiempo atrás envié un sobre, casi al otro lado del país. El sobre me demoró un tiempo en el armado: Una carta de 13 páginas bien redactada, dos poemas publicados en el blog y de regalo un libro de Borges.
De ahí ya con el sobre listo, surgió otro problema: Una agencia o Courier que lo enviará a la ciudad de destino. Mi primera opción fue SERPOST (Servicio Postal Estatal del Perú), pero fue rápidamente descartado por la cantidad de comentarios que decían que los sobres se perdían o llegaban deteriorados.
Luego busqué en una segunda agencia. Esta es privada. Ellos me dieron costo y una fecha probable de llegada del sobre, pero no me aseguraban que el sobre llegara en un buen estado, la excusa fue: “Es una distancia muy larga”.
La vida es una constante apuesta y me decidí enviar por la segunda agencia y ellos recepcionaron el sobre y me dieron un código de seguimiento: 30z0x2y8.
Ni bien dejé el sobre, me invadió un miedo: “Que el sobre se perdiera”. El código… ese bendito código, se convirtió en una obsesión. Esos 4 días de viaje fueron largos para mí. Cada cierto tiempo revisaba vía web si el sobre ya había llegado por lo menos a Lima, si es que pasó el filtro de escaneo y lo más importante: que no apareciera el estatus de perdido, pasaron los días y el sistema del bendito sistema no se actualizaba.
Para este momento el sobre ya llegó a su ciudad de destino y fue recogido. Mi nerviosismo nunca acababa, porque el bendito sistema online del Courier nunca actualizó el estado de envío de mi sobre. La tranquilidad llegó a mi cuando la persona que recibió el sobre logró enviarme una foto por WhatsApp: El sobre había llegado. Eso merecía otro café a modo de celebración.
