Mi primer intento serio de hacer literatura fue durante los años de los estudios secundarios. En un cuaderno viejo comencé a escribir algunas cosas que pasaban en la calle y que observaba, de pequeños momentos que observaba construía una historia que no sabía si era cierta. Por ejemplo una vez durante mis vacaciones por Lima vi a un hombre en una esquina llorando, sobre esa escena que vi supuse que el hombre lloraba por la muerte de algún familiar cercano y sobre eso construía una historia. Los primeros relatos aún están en mi habitación guardados en una gaveta de mi escritorio y cuando los leo puedo decir: Estos relatos eran los que debía escribir en ese tiempo, pero no son los que escribiría ahora, por eso me impuse una regla: No corregir ningún relato que fuera publicado. De esa etapa que recuerdo con nostalgia nacieron muchos relatos y con ellos muchos personajes: El chico del taxi, Martina y Arnaldo, la historia de María, los amores de Jorge, la bitácora de Javier (otro Javier distinto a mi persona) y su gran amor por Andreina, Pascual y la serie de relatos inspirados en mi abuelo y su vida en el campo, Rebeca y sus sueños por querer ser alguien que jamás será por vivir en alienación. Pero mi primer gran personaje de esa etapa se llamó Nicanor, el cual nació en un relato pequeño que tuve que hacer para el concurso literario que organizaba el colegio. Cada año mi colegio por el mes de setiembre durante la semana de la «Gratitud Salesiana» organizaba una serie de concursos externos (matemática, religión, gramática) e internos (como el concurso literario) el cual era una tarea para el curso de literatura donde todos los alumnos debían escribir un cuento, relato o historia. Aún recuerdo las palabras de mi profesor de Literatura Castro: «Jóvenes el relato debe ser original, creado por ustedes y tiene que venir acompañado por un dibujo… Los mejores relatos tendrán buena nota e iran directamente al concurso junto con otros relatos de los demás grados y será evaluado por un jurado.
Habiendo lanzado el reto (porque así lo asumí) me puse a pensar en la historia que debía escribir. Me senté en la computadora y no sabía por dónde empezar. Sabía que debía intentar algo que fuera distinto al método que ya me había acostumbrado a usar, debía atreverme a salir de mi zona de confort literaria y hacer algo nuevo y fresco. Si bien ya muchos amigos del barrio por donde yo vivo o algunos miembros de mi familia habían leído mis relatos, todo ese pequeño grupo de lectores quería más de esos relatos… siempre recuerdo las palabras de una amiga que una vez me dijo: «Debes escribir así para siempre». En silencio me negué a aceptarlo y días después lo decidí: Voy a cambiar el método. La decisión en un principio me dio miedo, Sin saber que luego el tiempo me daría la razón años más tarde cuando veía una entrevista documental que le hacían a García Márquez: …»Todos querían que escriba la segunda parte de 100 años de soledad, querían que escriba tomos de tomos de 100 años de soledad y yo ya no quería escribir más 100 años de soledad y escribí algo nuevo completamente distinto a 100 años de soledad y así nació El Otoño del Patriarca que cuando salió no vendió nada pero que hoy es mi obra más estudiada».
Entonces comencé a escribir una historia de algo que no había visto en las calles de Piura o de Lima. Ya no escribiría de la gente parada en las esquinas o de algún hecho que había visto en las calles de la ciudad, ni usar el nombre de algún amigo para los personajes, de toda esa contracorriente nació Nicanor: Un náufrago que el mar dejo en una isla en la mitad de la nada y que se da cuenta que no está solo en la isla que alguien más había naufragado junto con él (personaje al cual nunca le di nombre) y que Nicanor debía matar pues él pensaba que no había suficiente alimento y que la isla era pequeña para los dos. Nicanor era un personaje atípico… con una crisis existencial y que en situación extrema renuncia a sus valores con tal de sobrevivir. Escribí en unas hojas con lapicero el borrador del relato que luego de ser corregido era tipeado en la computadora. El relato era sacado totalmente de mi imaginación hasta en el más mínimo detalle, teniendo como momento central el momento en que Nicanor acaba con la vida del otro naufrago. Ahora me pregunto ¿Acaso me olvidaba que el relato era para el concurso interno de un colegio religioso?, creo que en ese momento olvide todos esos detalles. Cuando le puse punto final al relato me di cuenta que era una historia muy cruda, pero que me gustaba cuando lo leía. Se lo di a leer aun par de amigos, los cuales dijeron que no les gustaba y me pedían más de los «otros relatos», lo único que pensaba en ese momento no era la aprobación del lector sino la aprobación del jurado.
Los dibujos del poema fueron idea de mi papa, quien me sugirió una idea que al final me gusto. Lo imprimí y lo presenté en la clase de literatura. Luego de que acabó la clase me entro un miedo único, pues recién me di cuenta que quizás me llamen la atención por escribir algo tan oscuro y crudo que los sacerdotes del colegio lo verían como algo pecaminoso. Luego de semana y medio de espera dieron resultados. Mi relato había pasado a la otra fase, yo ya desde ese momento me sentía ganador. En la otra etapa el poema fue descalificado de manera rápida, quizás el jurado se escandalizo por el relato, pero no recibí llamada de atención alguna, más bien las palabras de mi profesor de Literatura que me dijo: Tienes talento para esto… deberías intentarlo más seguido.
[En Memoria de Nicanor 2002]
