Un poco de narrativa, un relato no dire de donde nace la idea, solo presento el resultado espero les guste
Recuerdo que eran las 12 de la noche, la plazuela solitaria de un pueblo cerca al mar, fumaba un cigarro mientras tú me contabas tus penares. No sé que hice para que me llegaras a contar esas cosas, pero yo atentamente te escuchaba, quizás habían experiencias que también me ocurrieron, decepciones pasadas que marcaron tu vida igual que la mía.
Te frotabas las manos, mientras mirabas el piso de la plazuela, tan tranquila, solitaria; pero por sobre todo bonita, hubo un momento de silencio profundo, donde solo nos mirábamos quizás tratando de entender el momento, esos previos a algo especial que muchas veces se resume en la duda de si jugárselas o no, pero justo cuando tome la decisión, te paraste de la banca donde estábamos sentados y dijiste:
– Tenemos todo este parque para disfrutarlo, así que demos unas vueltas.
No me negué a tu pedido viéndolo razonable, caminar haría entrar el cuerpo en calor, dimos un par de vueltas, pero esta vez tu mirabas las estrellas y las contabas una a una, me sorprendió la facilidad con la que encontraste una constelación: con el dedo trazabas el dibujo, mientras me tratabas de explicar algunos conceptos básicos de astronomía.
Pero nuevamente el silencio se apodero de la escena, no había nada que decirnos, te mire nuevamente y te dije:
– No hay nada más que decir de las estrellas….
Afirmabas moviendo la cabeza, y nuevamente frotabas tus manos, el frio nos consumía y yo nuevamente sacaría otro cigarro, pero verte sobándote las manos, me hizo olvidar el frio y sacarme la casaca impermeable que llevaba puesto, sorprendida por mí actuar dijiste:
– Te vas a enfermar.
Pero yo solo te rodee y te la puse, volteo a mirarte el rostro y solo sonreíste, me agradeciste por el gesto y yo te dije que los cigarros aplacarían el frio para mí, pero que tú necesitabas estar más abrigada. Lo cómico del caso, es que mi casaca te quedaba como bata de dormir, te ayude a colocártela bien y comenzaste a reírte, porque decías que te hacia cosquillas, yo te digo que lo hago con la intención que no sientas frio y en eso tú me dices:
– Jamás nadie me ha tratado como tú lo haces, siento que al fin conozco a un caballero.
Agradecí por tus palabras, que sonaban sinceras y nuevamente nos sentamos en una banca, pero esta vez yo te dije:
– Me gustaría ver más cerca contigo las estrellas
Sonreíste nuevamente y tomaste mi mano diciendo:
– Espere este momento toda la noche.
Te abrace entonces por detrás con fuerza y es apoyaste tu rostro sobre el mío, todo ese instante, aquellos 5 minutos se hicieron eternos; cual película romántica en la cual los protagonistas están cerca de aquel primer beso. Aun recuerdo que cantabas bajito la letra de una canción: Y ya no quiero dejarla escapar Si es que la puedo volver a encontrarNo quiero perderla. Yo dentro de mi también recordaba la letra de una canción que hace tiempo no escuchaba, pero que en ese preciso momento vino a mi mente: Sé que hay una voz en ti Diciendo que vendrás a mí.
Las estrellas son lindas, y la luna se vuelve cómplice de la situación, hasta las lechuzas de la plaza más que asustar, embellecían el paisaje, para ese momento suspirabas y decías que si pudieras le tomarías algunas fotos a este momento, de por sí ya mágico, pero que por sobre todas las cosas, lo pasaba junto a mi lado, mientras tanto yo también miraba hacia el cielo y te digo:
– En casa jamás me detengo a ver las estrellas
En ese instante sentí que agarraste mi mano, y que más te acurrucabas hacia mi cuerpo, note entonces que cerraste los ojos y yo también lo hice, como que una especie de frio, nos invitaba a dormir, tus últimas palabras de ese momento fueron: abrázame muy fuerte que no quiero morirme de frío.
En cambio las mías fueron: Solamente déjate abrazar. Nos quedamos medio dormidos, no sentía frio, pues el calor corporal de ambos me hacía sentir cómodo, éramos en esa instante uno solo cuerpo, donde parecía que nada ni nadie malograría ese momento hasta que unos gritos a lo lejos, nos hicieron volver a la realidad, dos viejitas que buscaban a alguien. Comenzaste a reír y nos paramos, no dejaba de mirarte fijamente el rostro, mientras tú dejabas la risa y te sonrojabas; pues esta vez yo te tome de la mano y me acercaba mas a ti, quería buscar tus labios que sabia llamaban a los míos, ese lenguaje corporal, esos toqueteos previos de dos buscadores de pasión, acaricio delicadamente tu rostro y te digo:
– No puedo decirte que te amo, no te puedo mentir así, pero creo que en este momento y poniendo de testigo a las millones de estrellas que nos rodean, en este momento no hay nada más lindo que tu sonrisa, no hay nada más lindo que tu…
Justo cuando termine de decir esas palabras, acercaste tus labios hacia los míos, te tome del rostro y comencé a besarte, el momento juraría fue único e irrepetible, pues el ambiente se prestaba para algo romántico. El beso acaba, como acaba todo en la vida, aquel instante mágico y apasionado; también tuvo su final, cuando sonaron nuestros celulares, preguntaban por nosotros y querían ubicarnos, dos apasionados perdidos en la plaza de los sueños, ese lamentablemente fue nuestro unico beso.
