Magdalena (Relato)

Nuevamente, luego de mucho tiempo publico un relato de narrativa, la historia la conoci de buena fuente fue real y nada solo la plasme en el relato, esta historia paso en la ciudad de lima el año 2009. Espero les guste gracias de ante mano por leer.

 

Mientras la veo sentada ahí en aquella banca llorando, decido alejarme de su lado. He tenido que ser valiente para tomar esta decisión, decírselo en la cara, todo aquello que se merecía. Para mí eso fue el adiós, cerrar una etapa de mi vida media confusa y comenzar una nueva. Es ahí donde empiezan los problemas, pues cuando empiezas una nueva etapa, tienes que dejar de lado a algunos que simplemente no harán más que estorbarte; bueno esa es como mi filosofía de vida.

 

Mientras avanzo unos metros, sin regresar a mirar atrás y sabiendo que más de uno me mirara y hablara de mi diciendo: “La hecho sufrir y la ha dejado llorando.” La gente que no conoce las cosas, siempre saca conclusiones sin mirar mas allá de un primer plano y nada para muchos de los transeúntes el culpable soy yo.

 

Llego a la esquina y decido parar un taxi, le digo que me haga una carrera a mi casa, no regateo el precio; entro al auto y cuando este empieza a avanzar, me quiebro y empiezo a llorar como un niño. Tu traición me duele y al verte descubierta, lloras desconsoladamente pidiendo perdón, pero yo soy el que debería ponerme a llorar, sabiendo que entregue todo y al final recibí solo de ti falsas caricias y mentiras.

 

El chofer del taxi me mira por el espejo retrovisor del auto, el dial de la radio, está en la estación de noticias, mientras hablan de muertos y crímenes, yo siento que ya voy muerto de por vida. Como zombi que no vive; pues mi único motivo de vivir hoy murió.

 

El taxista toma rutas largas y muy congestionadas de tráfico, mientras veo y escucho como la ciudad avanza y no se detiene. El taxista frena bruscamente, saca su cara y comienza a reclamarle al auto de adelante, pero parece que su reclamo cae a un saco roto, se vuelve a sentar bien y me dice:

 

–          Luego se quejan, de que los taxistas somos imprudentes, pero ese imbécil no respeta su carril…

 

No le respondo, porque en ese momento mi mente está concentrada, en las palabras que te dije minutos atrás. Mi celular suena y sé que me estas llamando, así que sin dudarlo lo apago, apoyo mi cabeza contra la ventana, el taxista nuevamente busca mi mirada por el espejo retrovisor y me dice:

 

–          ¿Cómo se llama la desgraciada?

 

Sabía que no era mi obligación responderle, pero quise ser cortes diciéndole:

–          Acabo de terminar con ella.

 

El taxista mueve la cabeza en señal de que entendió mi mensaje y nuevamente pregunta:

–          ¿Con quién te engañaba?

 

La pregunta del taxista, fue muy directa y precisa, pero solo respondí esto:

–          No me importa con quien, o por cuánto tiempo; pero me duele mucho todo esto.

 

El taxista apaga la radio y saca de la guantera de su auto, en una maniobra casi acrobática una cajetilla de cigarros y me dice:

–          Sírvete uno, el camino es largo y un tabaco ayuda a calmar muchísimo los nervios.

Agarro uno y lo prendo, mientras el humo sale por la ventana del auto, el taxista me comenta sus desgracias amorosas, que poco o nada me importan, pero que debo escuchar. El tipo de alguna u otra manera se había ofrecido a ser mi terapeuta, siempre dicen que en esta ciudad los taxistas son los hombres más cultos; mientras me comentaba de sus 6 hijos y dos mujeres, sumados a la larga fila de procesos judiciales por alimentos que tiene que afrontar, el dice que no deja que esto lo amilane y le sonríe a la vida. Pero yo siento que ahora no puedo sonreírle a la vida, ni afrontarla pues estoy herido de gravedad en el corazón.

 

El taxista dice que tiene a su hija mayor, estudiando diseño grafico en una universidad local, le gustaría que su relación con ella mejorara, pero que solo ella lo busca cada fin de mes, para que le de la pensión y mas nada. Yo esta vez sí lo miro  con atención y le digo:

–          Mi infiel pareja, también estudia diseño grafico.

 

El taxista, se sorprende por mi confesión y me dice:

–          No todas las diseñadoras graficas son así, mi hija es un ángel.

 

A esta afirmación tan irónica y hasta cachacienta le digo:

–          Entonces me gustaría, conocer a su hija.

 

El taxista se ríe y me dice:

–          Pues mi hija, es una princesa; la verdad me salió linda, su mama también es preciosa y nada más de una vez he tenido que cuidarla de los sinvergüenzas que quieren aprovecharse de ella.

 

Ya quería dejarme de discusiones irónicas y quería acabar la conversación, pero el taxista continua comentándome de su “linda princesa”. El monumental esfuerzo que hace ese taxista por correr los hombres de la vida de su hija, me hace pensar que ella en más de una vez se ha logrado escapar del estricto control de su padre; pero el taxista se da cuenta de mi incomodidad y nuevamente me pregunta:

–          ¿Cómo le fue infiel la chica esta?

 

La respuesta que le di fue tan corta que le dije:

–          Me sacaba la vuelta con dos a la vez.

 

Nuevamente otro semáforo en rojo, el taxista voltea y me da una palmada en la pierna como señal de consolación y me hace el gesto de que continúe luchando. Yo a todo esto le digo:

–          Por lo menos Ud. cuida a su hija, la chica que me fue infiel nunca tuvo padre que la cuidara y dice que la abandono.

 

El taxista reniega diciendo:

–          Que mal tipo de verdad….

 

Acabo el cigarro, el filtro lo tiro por la ventana, el taxista nuevamente de su guantera saca una foto, tiene varias; pues dicen que todas esas son fotos de sus 6 hijos, dice que me enseñara la foto más actual de su hija mayor; poco o nada me interesa ver esa foto, pero él me la da en la mano y es ahí donde para mi sorpresa digo:

–          ¡Magdalena!

 

El taxista frena y me dice:

–          Acaso, ¿Tú conoces a mi hija?

 

Yo sorprendido le respondo:

–          Ella fue la chica que me fue infiel.

 

El taxista cambia de cara y me dice:

–          ¡Qué te pasa imbécil!, porque hablas así de mi hija, ella es toda una princesa.

 

Yo niego con la cabeza, mientras nuevamente saco el celular, lo prendo y le enseño una foto:

–          Esta es su hija desnuda, acostada en la cama con un hombre, yo que la amaba con sinceridad y ella que me sacaba la vuelta no solo con el sino con otro.

 

El taxista no cree en mis palabras y me dice que salga de su auto, yo abro la puerta, saco el dinero y me dice:

–          Guárdate tu cochino dinero, no lo necesito y lárgate antes que te pegue.

 

Antes de irme le dije:

–          Me iré señor, que pena por su hija, que se ha perdido y si realmente ella es una princesa, pero que va mal encaminada y que niega a su padre haciendo pasar por muerto.

 

El taxista, prende el auto, y se va, aun queda mucho camino y me hará bien caminar, mientras pienso en que chico es el mundo.

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